Le deseamos a usted y su familia un
Feliz y Próspero Año Nuevo
2009

Suplementos Digitales Espacio Laical.
Homilía pronunciada por S.E.R. Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana , en la celebración de la Jornada por la Paz.


S.M.I. Catedral de La Habana,
1 de enero de 2009.

Queridos hermanos y hermanas: el día primero de enero la Iglesia , en su Liturgia, abre el nuevo año con la Bendición que Dios confió a Moisés para pronunciarla sobre su pueblo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”. Se trata de una bendición personal, dirigida a cada uno. Así quiere Dios hacerle saber, a cada hombre, a cada mujer, que los días y las horas del año iniciado hoy, como todos los días de nuestra vida, están bajo la mirada benevolente del Creador, que se inclina a nosotros con amor. San Pablo nos recuerda además, en su carta a los Gálatas que hemos escuchado hoy, que Dios no nos ama de cualquier modo, como a esclavos, sino como a hijos.

También la Iglesia , en su misión universal, quiere hacer llegar al inicio del año sus deseos de bienestar personal para todos, y el Papa Benedicto XVI nos entrega el acostumbrado Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que celebramos el día de hoy.

En esta ocasión presentamos nuestras súplicas al Señor para que se haga por fin realidad en la Palestina ocupada, la tierra de Jesús, tan cruelmente azotada en estos días por horribles actos de guerra, la paz anhelada por todos.

En su mensaje de este año nos invita el Santo Padre a considerar, en el momento difícil que vive la humanidad por la crisis económica mundial, cuáles son las carencias materiales y morales de nuestro tiempo que llevan a esta crisis, generando un crecimiento de la pobreza, principal factor negativo para la paz pues, como sucede siempre, ella es causa de intranquilidad y aún de violencia social. Ante esta situación crítica el Papa nos presenta dos propósitos que deben implicarnos a todos en estos comienzos del año 2009: Combatir la pobreza, construir la Paz . Ese es el lema que encabeza su mensaje.

Nada mejor para acercarnos al mundo de la pobreza que detenernos ante la escena familiar del establo de Belén donde nació Jesús. Allí todo es pobreza: el Niño que viene al mundo en un sitio inhóspito, la falta de techo, el frío, la soledad, en fin, un entorno que habla por sí solo de miseria material.

Sin embargo, hay en aquel sitio riqueza de bienes espirituales: el amor de María, la madre, la presencia paternal de José, que cuida de ella y del niño, y la alegre solidaridad de los pobres pastores que vinieron maravillados a contar cómo los ángeles habían anunciado aquel nacimiento.

A los ocho días de la celebración de la Navidad , nuestra mirada se fija en María, la madre de Jesús, que guardaba en su corazón estas cosas y las meditaba.

Si fuéramos nosotros también capaces de meditar en las realidades de la pobreza material, espiritual y moral del hombre y la mujer de hoy, pero haciendo como María, que pasen todas por nuestro corazón teniendo presente a Jesús, podríamos abrir un camino de esperanza a nuestro mundo.

En su mensaje para este día el Papa Benedicto XVI nos dice: “ Se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales; en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual Pienso –dice el Papa- en el llamado "subdesarrollo moral" y, por otra parte, en las consecuencias negativas del "superdesarrollo" (hasta aquí el Santo Padre).

Por eso es necesario meditar sobre las incidencias y retos de nuestro mundo, pero pasándolo todo por el corazón, tomando esta última palabra en su acepción de interioridad humana que le da nuestro José Martí con hondas resonancias bíblicas, al decir: “por el corazón se ve, con el corazón se ve, es el corazón quien ve”. El hombre y la mujer de hoy tienen urgencia de ser contemplados así, con el corazón. No matemáticamente, ni con cifras engañosas o cruelmente aplastantes.

Un realismo rasante puede conducirnos al más craso irrealismo: considerar al hombre como un número y olvidarnos de la persona humana que siente y quiere, que sueña y espera, con su dignidad innata conferida por Dios, puede llevarnos a buscar para las crisis falsas soluciones también matemáticas, sociológicas, pero dejando al margen a la persona concreta con sus aspiraciones. Y así, dice el Papa en su mensaje, hemos llegado al “exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza, (lo que) es en realidad la eliminación de los seres humanos más pobres”. “Tampoco hay que olvidar –continúa el Pontífice- que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones de habitantes y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes… En otros términos, -concluye el Papa- la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza”.

Esa pobreza poblacional es experimentada en varios países, también en el nuestro, por el envejecimiento de la población y el bajo índice de natalidad. La raíz de la pobreza puede hallarse, pues, -dice el Santo Padre- en la “ falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera "ecología humana", se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza”.

Y el Papa Benedicto nos hace notar que a la pobreza se asocian casi siempre las pandemias como la tuberculosis, la malaria y el SIDA, agravadas por el costo desproporcionado de los medicamentos. Dolorosa en extremo resulta la pobreza de los niños sin atención médica, la falta de vacunas, el trabajo infantil, la quiebra de la familia, que debe ocuparse de los más jóvenes. Muchas de estas pobrezas podrían superarse en gran medida, nos refiere el Papa, con una pequeña porción del dinero que se gasta en armamentos.

Merece especial atención del Santo Padre la actual crisis alimentaria que se caracteriza, según el Papa, “no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos. Faltan, agrega el Pontífice, instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias”. Y se refiere el Papa, además, al campo del comercio internacional y de las transacciones financieras que sumergen al mundo actual en una situación caótica. Ante estos males propone el Santo Padre “una solidaridad global tanto entre países ricos y países pobres como dentro de cada país”.

Pasa después Benedicto XVI a describir cuál puede ser la acción de la Iglesia en medio de situaciones desafiantes como la que hoy vivimos. Dice al respecto el Papa: “ La Iglesia , que es signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario”.

Pero, ¿cuál puede ser concretamente esa aportación de la Iglesia ? Ante todo, el afianzamiento de las bases morales y espirituales de la humanidad, imprescindibles para enfrentar la crisis presente y evitar que se ahonde y se repita en el futuro. La crisis económica global tiene sus raíces en la ambición desmedida, en las ansías irrefrenadas de enriquecimiento, en el egoísmo que ignora la solidaridad y la entorpece. Si no se restablecen las coordenadas morales que deben regir las relaciones entre naciones desarrolladas y menos desarrolladas, de forma que se estructure una verdadera solidaridad global, no habrá planes meramente financieros, comerciales o de orden sólo material que puedan salvar al mundo.

Por eso es necesario meditar poniendo el corazón, es decir, las mejores energías espirituales del ser humano, al servicio de un esfuerzo serio por crear una real fraternidad entre hombres y pueblos.

A esto nos convoca el Papa Benedicto en su mensaje para que se lleve a cabo también dentro de cada país.

No es otra la misión de la Iglesia en Cuba.: sembrar valores, apoyar la familia como institución indispensable, abrir caminos de esperanza, pues sin hombres y mujeres motivados no se pueden llevar a cabo los deseados proyectos de mejoramiento económico y social que se han anunciado en el país.

¿Cómo puede cumplir la Iglesia en Cuba esta función social que le es inherente? A través de su misma acción pastoral. En cuanto a esto es inevitable cierto recuento, en este caso positivo, sobre el año transcurrido, en lo que respecta a la presencia de la Iglesia Católica en la sociedad cubana. No es que estén a nuestro alcance todas las posibilidades de orden educativo, social o asistencial que los católicos cubanos pudiéramos desplegar como acciones propias de la Iglesia , en bien de nuestro pueblo, pero hay pasos de avance innegables que debemos considerar:

La Iglesia en Cuba está inmersa en el trienio preparatorio que nos lleva a celebrar en el año 2012 los cuatrocientos años del hallazgo de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad de El Cobre en las aguas de la Bahía de Nipe, al norte de Holguín. Iniciamos este Trienio con la celebración de la Eucaristía en la Basílica y Santuario de El Cobre, estando presentes todos los obispos cubanos. Esta celebración fue televisada a todo el país. No es el hecho de la transmisión televisiva lo que traemos a colación, sino la valoración positiva del evento a conmemorarse, que tiene y tendrá hondas repercusiones populares, porque la Virgen de la Caridad suscita la devoción de nuestro pueblo desde San Antonio a Maisí, con hondas resonancias patrióticas, que se hicieron patentes en aquella celebración de El Cobre, compartida por miles y miles de cubanos gracias a la televisión.

Otro tanto ha sucedido con la beatificación del Padre Olallo en Camagüey: es un hecho eclesial relevante la elevación al honor de los altares de un santo nacido entre nosotros pero, en parte gracias a la televisión, ha tenido resonancia nacional: se trataba del primer cubano exaltado por su vida ejemplar a la veneración de la Iglesia. El nació y vivió toda su vida en Cuba, cincuenta años en la ciudad de Camagüey, fue pobre, humilde, se puso incondicionalmente al servicio de los enfermos y de los necesitados y la Iglesia nos lo propone como modelo de caridad, de amor desinteresado a todo nuestro pueblo.

El acontecimiento tenía así una gran significación para los católicos cubanos, pero constituía además un hecho que todos los cubanos podían apreciar, porque nos ennoblece como nación; y también gracias a la televisión y a la prensa nacional, nuestro pueblo pudo participar de él.

La reciente trasmisión del Mensaje de Navidad que pronuncié en esta misma Catedral durante el Concierto de villancicos que fue televisado a todo el país, tiene también un hondo significado. Hace diez años se restableció el feriado de Navidad el 25 de diciembre, pero poco se mencionaba esta festividad cristiana. Hace dos años se restituyeron las vacaciones escolares durante el tiempo navideño y se habían transmitido los mensajes de Navidad del Santo Padre desde Roma, pero este año la televisión cubana se hacía eco de la celebración de la Navidad en Cuba por los católicos cubanos.

Y ¡es tan importante esta celebración para la familia cubana! pues nos hace sentir que la tradición de la Cena navideña que congrega a la familia en Cuba con lo que es propio de nosotros, está viva y esto afianza la familia, le da vigencia en nuestro país, donde crecen las uniones consensuales y tanto se debilita el compromiso social del matrimonio, disminuyendo también por esta razón la procreación, imprescindible para nuestro futuro.

No estoy diciendo otra cosa sino que el bien del cristiano, el bien de la Iglesia , no es otro que el mismo bien de nuestro pueblo.

En la ocasión desafiante en que dos huracanes seguidos y otro un tanto extemporáneo nos han afectado, la Iglesia tuvo posibilidades sin precedentes, a través de Cáritas cubana, para llevar ayuda a las personas afectadas, ayudas que aún siguen llegando de distintas iglesias hermanas del mundo, de cubanos residentes en el exterior, pero que se produjeron también como fruto de la solidaridad interna de nuestra Iglesia en Cuba.

Los católicos cubanos asiduos y no asiduos a la iglesia, aportaron sus dones. Doce camiones llenos salieron de La Habana para las provincias afectadas y una colecta de más de doscientos mil pesos realizada en esta diócesis se distribuyó entre los más necesitados. Y también lo hicieron otras diócesis de Cuba. Es una gota de agua en el océano, pero ¡qué hermoso poder vivir la solidaridad con nuestro pueblo de manera tan propia a la fe cristiana cuando no pudo ser así durante mucho tiempo!

Me he referido a estos hechos, pues constituyen pasos significativos en el lento proceso de apertura de posibilidades a la Iglesia en Cuba para su presencia y su acción social.

Porque es un bien innegable que exista una separación de la Iglesia y el Estado. En su reciente visita a Francia el Papa Benedicto XVI reconocía las ventajas de una sana laicidad. Pero la separación de la Iglesia y el Estado no puede considerarse como una separación de la Iglesia de la sociedad. Al clima de confianza en que va siendo posible poco a poco la superación de un falso laicismo, a la comprensión progresiva de que la acción de la Iglesia no es dañina, se deben los pasos dados.

Es claro, como ya dije, que no todo se ha llegado a alcanzar. No nos contentamos sólo con eventuales transmisiones radiales o televisivas, debemos tener espacios sistemáticos en la prensa, la radio y la televisión. Nunca podemos dejar a un lado la misión educativa de la Iglesia , que podría tener otras dimensiones, queremos seguir ampliando el trabajo con los ancianos, tan numerosos entre nosotros y también con otros grupos necesitados.

Este año he celebrado la Misa el día de Navidad en el Combinado del Este, la prisión cercana a la ciudad de La Habana. También Mons. Juan de Dios, obispo auxiliar, celebró la Eucaristía en otra prisión al sur de la diócesis.

Hace años que está organizada nuestra pastoral penitenciaria, visitando a los presos, atendiendo a sus familias, pero ésta ha sido la primera ocasión en que celebramos la Eucaristía en las prisiones.

Lo hicieron también obispos de otras diócesis y aspiramos a tener frecuentemente celebraciones similares.

En este proceso de la inserción social de la Iglesia se ha seguido un camino lleno de obstáculos en muchas ocasiones y no completado aún, pero siempre ascendente.

A veces, mirando la trayectoria recorrida, pienso que este camino de la Iglesia en la sociedad cubana podría ser paradigmático para continuar avanzando en otras esferas sociales, políticas y económicas del país, donde se necesitan y se esperan mejoramientos que implican también pasos nuevos, quizás audaces, pero que estoy seguro redundarán en bien para todo el pueblo cubano.

Valga pues, también, esta experiencia vivida por la Iglesia , a veces dolorosamente en estos años, como un humilde servicio a gobernantes y gobernados en la nación cubana para alcanzar metas difíciles tal vez, pero necesarias, en otros ámbitos de la vida nacional.

Al decir esto intento responder al llamado del Papa Benedicto XVI a la Iglesia y a los cristianos para sembrar solidaridad también dentro de cada país.

Les deseo a todos un Feliz Año 2009 y que la Paz traída por Jesús a este mundo llene sus corazones en esta Navidad y en el nuevo año que comienza.

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Nuestra Portada
Año III . No.16 ; Octubre-Diciembre 2008
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Editorial

No posterguemos la esperanza

Las dificultades productivas y económicas de nuestro país se han ahondado con el paso de los huracanes Gustav e Ike, que han dañado una inmensa porción de la infraestructura de la Isla , en especial el fondo habitacional y la agricultura. Un primer estimado indica que los daños han provocado afectaciones que suman los 5000 millones de dólares.

Las autoridades, como es lógico, han sentido alarma y enfrentan con tenacidad esta situación. Para ello intentan desplegar el mayor esfuerzo posible en la gestión de revertir los daños. En el empeño aceptan toda ayuda que proceda del extranjero, excepto de la administración estadounidense.

En tal despliegue, han decidido tomar medidas internas para evitar que se disparen los precios de los alimentos hasta niveles mucho más elevados que los acostumbrados. Igualmente, procuran impedir que se especule con los productos y materiales imprescindibles para contribuir al abastecimiento alimentario de la población y a la necesaria reparación de inmuebles. (...)

Del Magisterio
Del Magisterio.
A cargo de Nelson Crespo

La Polémica: Hacer o deshacer la cultura cubana.
La Polémica
Hacer o deshacer la cultura cubana.
Por Habey Hechavarría

Impactos

El Dossier de este número está dedicado al importante tema de Iglesia y sociedad en Cuba. A los 15 años de El amor todo lo espera . El Tema Polémico analiza el delicado asunto de la violencia en el deporte. En la sección De las entrañas de la isla se presenta una novedosa tesis acerca de los sucesos de Lagunas de Varona, durante la llamada Guerra Grande.

También podrán disfrutar de una interesante entrevista al intelectual cubano Rafael Hernández, títulada El desafío de rearticular el consenso . Igualmente podrán leer los artículos: Cuba ‘68, Ayuda y patriotismo, La espera cubana, La crisis financiara mundial y sus efectos en Cuba , entre otros.

EN EL DOSSIER :
Iglesia y Sociedad en Cuba.
A los 15 años de "El Amor todo lo Espera"
Ver Portada de "EL DOSSIER"
Espacio Laical ha querido celebrar el XV aniversario de la Carta Pastoral El amor todo lo espera, hecha pública el 8 de septiembre de 1993, con un panel dedicado al tema de la relación entre la Iglesia y la sociedad en Cuba. Para hacerlo, han respondido a las preguntas de la redacción los laicos católicos habaneros doctor Gustavo Andújar Robles, vicepresidente de SIGNIS mundial (la asociación católica internacional para la comunicación), el licenciado y profesor Alexis Pestano Fernández, miembro del Consejo Editorial de Espacio Laical, y el licenciado Lenier González Mederos, viceeditor de esta revista. A continuación ofrecemos, en ese mismo orden, sus respuestas.

Páginas rescatadas:
La mejor Cuba.
Por Andrés Núñez Olano
Violencia o no violencia: he ahí la cuestión.

Tema Polémico

Violencia o no violencia:
he ahí la cuestión.

Por Gustavo Andújar



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